domingo, 15 de noviembre de 2009

El Mar

Hace tiempo que no escribía en este tormentoso blog. Y no es porque la atormentada sucesión de hechos del día a día haya cesado, sino por su misma dinámica, a veces se hace complicado hacer una crónica de ella.

Lo cierto es que aquí estoy. Hoy un poco diferente, escribiendo esto frente al mar con una brisa que evoca aromas y sabores que lo conectan a uno con emociones placenteras. Cada vez que veo el mar (ojo y es frecuente porque para mí es como una gran batería a la que acudo para recargarme), pienso… ¿Cómo es posible que vivamos atrapados bajo toneladas de concreto respirando porquerías y no cerca del mar? Otro pensamiento que me asalta cuando estoy frente a él, es esa sensación de trascendencia más allá de la vida cotidiana.

El mar es el mar y siempre está ahí, diferente cada segundo, pero igual eternamente. Y nosotros, dónde estamos nosotros. Lejos, debatiéndonos entre la conexión wifi, el teewter y la necesidad de poseer más. Prometo que no voy a hacer un nuevo manifiesto comunista, pero lo que si quiero es dejar plasmada la necesidad ir más allá, de que hay un millón de cosas maravillosas por hacer y por lo menos yo siento, en este preciso momento, que no las estoy haciendo… No sé si me acompañan con este sentimiento, me encantaría que alguno de los que se tropezara con este escrito me dijera… mira niña la cosa no es así… allá tu con tus tormentos, la vida realmente es a, b y c… O quizás alguien podría decirme… Diana, me identifico, yo tengo esta angustia, el mundo, la vida se nos escapa hoy en este instante entre las manos y al final somos unos inconscientes que nos atrevemos a disfrutar este ultraje.

Hoy siento que vivimos días de furia, en ciudades de furia (gracias Soda por escribir esta canción). A veces es más de lo que nosotros mismos podemos aguantar, pero sin embargo sobrevivimos. ¡Vaya! Pensé que el mar daría sosiego a mis letras, al parecer su va y ven lo que me trajo fue olas de de reflexión. Cuando escribo esto es viernes, yo pedí el día libre, otros están allá encerrados en sus pequeñas urnas de cristal conectados con el mundo y desconectados de sus emociones…

Quién está detrás del teclado, alguien que quiere huir, o simplemente alguien que no encontró lo que buscaba y prefirió esconderse, llamarse de otra manera, escapar de todo. Quién eres tú y él, o los que leen esta crónica atormentada. Quién me busca, quién me espera. Esta es la angustia del hombre y la mujer modernos, actuales, Teewteables. Quién sino tu, o yo, somos capaces de romper con esto. Quién si no tu o aquel, son capaces de decir… ¡Hey! aquí estoy, tócame, abrázame, bésame y olvídame, porque estamos aquí para caminar no para estacionarnos.

Somos el todo y la nada, somos el mar, sus olas, su arena, pero también somos el verdugo que acabará con ellos. Somos nuestra salvación y el infierno de nuestra perdición. ¿Quiénes somos?
¿Tú quieres saberlo? Por el mar que quisiera oír tu respuesta. Pero, ¿soy capaz de escucharla?, ¿eres capaz de escribirla, decirla, enunciarla, plasmarla?… Dime que si… Hoy quisiera una respuesta, alguien que con profunda compresión dijera… Vaya chica, tú estás realmente atormentada. Somos muchos, somos pocos, pero al final somos. Hoy quisiera conocer a los que son, a los que sin vergüenza alguna, se quitan cada una de sus ropas y dicen… Soy, y no soy sólo, no es arrogancia, soy uno entre muchos, soy parte de lo que tú eres…

Y te pregunto ¿tú sabes parte de qué eres? Yo no lo sé… Tampoco aspiro saberlo, sólo quiero sentirlo, y me ahoga el que a veces lo pierdo… ¿Tu lo pierdes? ¡Habla, escribe, grita, canta! Pero haz algo… Yo creo estarlo haciendo.

martes, 15 de septiembre de 2009

Un sábado cualquiera

4 pm de un sábado cualquiera, compras dentro de un centro comercial, también llamado “Mall”. Ruido, niños corriendo, dinero que fluye en una economía que entre golpes y porrazos sigue consumiéndose así misma.

La vida transcurre como siempre en este gran bazar de neón y cristal, una tarde cualquiera, un sábado cualquiera. Afuera, grandes nubes presagian lluvia, una lluvia que dentro de este paraíso de las compras es un hecho sin importancia.

Las primeras gotas caen sobre la ciudad, truenos y relámpagos hablan de que no será sólo una pequeña lluvia, habrá más de uno que llegará emparamado a su casa, pero contento con la compra del día.

Una lluvia tenaz castiga la tierra. Inclemente el cielo decide caer sobre esta ciudad imposible de parar, con mucho más fuerza y granizos del tamaño de una pelota de golf se precipitan sin cesar.

Nada pasa, los compradores siguen en su afán de obtener lo que necesitan y lo que no. Dado el momento pareciera que una fuerza sobrenatural pretendiese llamar la atención a aquellos a quienes la compra esclaviza. En ese momento dado, la tierra no pudo más y estalló en un estruendo tembloroso, que dejó sin habla a los comprantes.

Nada puede asustar más que la grandeza de la naturaleza, su poder y omnipresencia, que casi siempre olvidamos, nos recuerda de un golpe lo pequeños que somos y lo indefensos que estamos.

Pocos segundos de sacudida bastaron para enmudecer el alma. Rostros de angustia y terror comenzaron a aparecer. Miradas desesperadas, niños que lloran. Cuando la tierra finalizó su arremetida, su grito desesperado de atención, sólo quedó el silencio y el suave rumor de la lluvia que continuaba cayendo.

Aun con el estupor en el cuello, una mujer rompe la monotonía de los atónitos, para exclamar- "!Dios nos ha enviado una señal¡"- Como si ese clamor los hubiese liberado, los comprantes estallan en comentarios, risas nerviosas, señales de alivio. Un sínico se atreve a desafiar a la señora - “No meta a Dios en esto, que él hace rato que no mira para acá-”.

Poco a poco la mole de cristal recobra sus ruidos, la gente comenta sus sensaciones y visiones al momento del temblor, la compra continúa. Afuera sigue la lluvia. La tierra no logró su propósito de detener el afán de los comprantes. Sin embargo, la furia con la que golpeó a la ciudad dejó su huella. La urbe es un caos. Ríos de lodo, paredes agrietadas, interminables filas de carros atrapados dentro de lagos artificiales recién creados.

A pesar de todo, los comprantes continúan con su ir y venir. Un grupo de adolescentes se pasean en tacones por los pasillos del “mall”. Son las jóvenes promesas de la industria de la belleza. Hoy nada las va a detener, deben mostrarse, deben vender su rostro para ganar un concurso que las saque del anonimato. A pesar del miedo que les produjo el temblor, siguen moviendo sus cabelleras con la sonrisa congelada, atentas y preparadas para cuando aparezca un flash.

Yo las observo. Pienso en lo subrealista de la escena. Niñas convertidas en mujeres antes de tiempo, en el medio de este caos natural, capaces de superar cualquier obstáculo con la fija idea de triunfar y obtener la tan deseada corona.

Una se percata de mi mirada, es quizás la más joven de todas. Sin curvas, pero con más maquillaje del que nunca llegaré a usar, se aproxima a mi. Segura, ensayada, con la ansiedad del que tiene algo que decir y debe evacuarlo con toda celeridad. Yo la espero, no se que pueda querer de mi. Ella se acerca, respira profundo y exclama - "Hola, estoy concursando para ser miss teen Venezuela ¿Quiere comprar una invitación que es gratis pero hay que pagarla?"-.

martes, 1 de septiembre de 2009

Arrastrando la cobija...

Arrastrando la cobija y ensuciando el apellido,
Voy por esta mugre vida como un pájaro perdido
¿Dónde estás que no te encuentro?¿dónde diablos te has metido?
¿Quién te anda goza y goza? Corazón vuelve conmigo
Ya no te quiero, ya no quiero, ya no te quiero
Eso es mentira, mentira, mentira
Yo sin ti me muero
Arrastrando la cobija, y ensuciando el apellido
Voy por esta mugre vida, como un pájaro perdido
¿Dónde estás que no te encuentro? ¿dónde diablos te has metido?
¿Quién te anda goza y goza?
Corazón vuelve conmigo


Hace poco descubrí esta ranchera (que me perdonen los conocedores de música si esto no es una ranchera sino un bolero ranchero, o cualquier otro género que puede darse en ese musical país que es México). La frase con la que inicia, es demoledora y desde el principio es un presagio de dolor, confusión e intensidad.
Desde que la escuché no he podido sacarla de mis pensamientos, probablemente porque ella encierra mucho de lo que a través de este blog atormentado se deja fluir. Pero más allá de eso, esta frase es increíblemente real y gráfica, potente, contundente. Es como un golpe a la cara, duro, macizo. Gritarle a alguien que es el causante de que uno arrastre la cobija y ensucie el apellido es una muestra del profundo dolor y desconsuelo que le está produciendo.

He imaginado como se ensucia el apellido, y lo que me viene son imágenes de eternas borracheras en las que uno borra hasta su nombre, avergonzándose así mismo con las cosas que hace. Cuántos de nosotros no ha deseado en algún momento de su vida que un hoyo negro venga con benevolencia y lo trague, para simplemente desaparecer. Pero nunca ocurre, lo que si nos ocurre es que andamos por la vida con la cobija a cuestas, llenándola de polvo, dejando ver nuestra miserable existencia, mostrando nuestras llagas producto de aquel mal amor.
Es inevitable escribir sobre los mal queridos, y no necesariamente porque uno lo sea, pero es que el estado del desamor ha sido el promotor de grandes libros, canciones y poesías.

Mi intención no era escribir un tratado sobre el desamor, sólo traerles esta ranchera, si no la conocen disfrútenla (les dejo un video con la interpretación de una cantante venezolana), si la conocen recuérdenla.

http://www.youtube.com/watch?v=m9oZaJ-2Arg

domingo, 16 de agosto de 2009

El extraño caso del café colao

Al parecer julio no fue un mes muy productivo para este blog, pero aquí estoy de vuelta, así que de una vez comienzo la historia.

He decir primero que el título es el robado de una canción de Silvio Roríguez (no de las más escuchadas) que se llama "El extraño caso de las Damas Africanas", y que para este relato me viene muy bien... Sin embargo, la historia es un poco distinta, por eso la adaptación... Aquí comienza la historia...

Comenzaba la tarde con su acostumbrada modorra, en lo que en Venezuela se llama "la hora del burro". Una tarde cualquiera de oficina, como siempre, antes de partir a almorzar una alma caritativa había dejado preparando el café en la cafetera automática, de manera que al regresar, de un merecido y rápido almuerzo, todas las almas encontrarían consuelo para soportar la tarde en ese particular aroma del café recién "colao".

Un testigo de excepción, regresó temprano, el almuerzo era poco, la dieta obligaba al recato... Aburrido, sinsabor, para que demorar más las espera, mejor regresar antes, tomarse el café y tratar de tener listo los reportes. Aquiles regresaba unos 10 minutos antes que todos sus compañeros, al pasar por frente la cafetera se percató que ésta iniciaba el colado de ese milagroso líquido oscuro, lleno de olores que relajan y sabores que estimulan la imaginación, o por lo menos la mantienen alerta para continuar la labor diaria.

Aquiles, respira profundo y sigue hasta su oficina, esperará unos minutos para que se haya terminado de colar y poder saborear el café con tranquilidad. Al llegar a su oficina, comete el terrible error de desbloquear la computadora, sólo para encontrarse con una lluvia de correos electrónicos que clamaban, con bastante inclemencia su inmediata respuesta. Resignado, aun con el desabrido sabor de calabacines al vapor en su boca, y sin haber tenido tiempo de cumplir con el ritual de cepillarse los dientes y mucho menos de tomarse un merecido café, Aquiles inicia la tarea de responder calmadamente aquella tormenta de requerimientos electrónicos.

Al cabo de un rato, evidentemente había estado concentrado y no se había percatado del paso del tiempo, Aquiles regresa de su profunda concentración de documentos adjuntos, reportes incompletos y solicitudes de videoconferencias. Un rumor, más bien un grito ahogado, seguido de comentarios de estupor, plagaban el pasillo de las oficinas, algo había ocurrido, algo que se antojaba increíble, indescifrable, dado el rumor creciente y las voces algo agitadas que se comenzaban a escuchar. Aquiles se levanta de su silla, y asoma la cabeza fuera de su oficina, dirige su mirada hacia donde provienen las voces. Un grupo de compañeros están parados en el medio del pasillo, frente a la pequeña cocinita dónde se encuentra la cafetera. Aquiles, rascándose detrás de la oreja, recuerda que no ha tomado café, que aprovecharía que se levantó para ir a buscar un poco y así se enteraba de lo que había ocurrido.

Lentamente salió de su oficina y se dirigió hacia el grupo de personas reunidas. Al llegar un poco más cerca pudo escuchar a una de sus compañeras decir con voz entrecortada - esto no es posible, es el colmo, estoy cansada de decirte que debes poner café en el filtro, de otro modo no tendremos café, tendremos sólo agua caliente - Aquiles se acercó un poco más, y pudo ver como la chica nueva de la recepción le contestaba - pero señora Gladys, yo puse el café, hice todo como usted me lo indicó, la verdad es que no se que ocurrió -.

Aquiles pudo abrirse paso entre la gente, justo para mediar entre las dos mujeres y evitar que Gladys intentara algún acto de violencia contra la pobre recepcionista - Un momento - Alcanzó a decir con voz destemplada - Lo que dice Mary es cierto, yo vi cuando empezó a colarse el café, vi caer la primera colada, pude percibir su olor, Mary hizo todo correctamente-. Gladys se adelanta para quedar frente a Aquiles y poder decirle con socarronería - ¡Ah! ¡Con que tu viste el café! Y podrías explicarnos ¿dónde está? ¡Porque la cafetera sólo tiene agua caliente y el filtro está limpio!-.

Con asombro, Aquiles da media vuelta, sólo para encontrarse con la transparente verdad del agua caliente, rebosando en la jarra de café. ¿Cómo pudo ser? ¿Quién podría haberse llevado el café, lavado la jarra y el filtro y volver a poner agua, encender la cafetera y no añadir café? No había respuestas para éstas preguntas, toda la oficina estaba conmocionada y algo alborotada, una pequeña excusa para alejarse del trabajo y apartar el sueño de la tarde.

Mary, que se sentía liberada, dijo con mucha autoridad -Voy a pedir a los vigilantes que me enseñen los videos de seguridad, esto no puede ser-. Y así lo hizo, sólo para encontrarse un pasillo vacío, ver la espalda de Aquiles arrastrándose hasta su oficina y nada más.

Los días han pasado, sin embargo, en la oficina de Aquiles aun no han podido olvidar el extraño caso del café "colao".

domingo, 5 de julio de 2009

Me gusta estar al lado del camino

Cuántas veces hemos dejado pasar la vista por encima de aquellas personas que nos ven desde el lado del camino. Desde que era niña me intrigó la persistencia de esa personas que siempre sabían que yo pasaría por allí a esa hora y en esa fecha, y me esperaban pacientes al lado del camino. Siendo más grande entendí que nunca esperaron por mí, simplemente estaban allí, mirando pasar, pasando al mirar.
Fito grita desde el lado del camino, que vive atormentado de sentido. Y es que desde el lado del camino, la vida pasa de manera diferente. Son otros los que pasan o sólo es una ilusión. Mirar desde el lado del camino parece la fantasía del que nada siente, pero quizás, sólo quizás, es la perdición de los que sienten mucho.
Quién sabe, a lo mejor al lado del camino, la vida parece más larga, y la inquietud de querer tragársela de un sólo sorbo acaba. Puede que la vida desde ese espacio parezca más lenta, aunque sólo sea una sensación que termina una vez entras en el camino… ¿Y si resulta que estar al lado del camino es igual que estar en el mismo camino, simplemente nunca ha habido caminos, ni lados, ni gente que pasa…?
¿Alguna vez te has detenido a verle la cara de aquellos que miran desde el lado? Ojos absortos, algunos llenos de curiosidad, otros de tristeza, otros más, sólo esperan que alguno de los que pasa se detenga y le mire de frente para contarle que al lado, el camino, la vida, el paso, forman parte de una sola razón… El estar vivo.
Me gusta estar al lado del camino, ver pasar a la gente emocionada, que cree que está en el camino de conseguir su suerte idolatrada. Me gusta estar al lado del camino, pensando que éste, nunca se acaba, que siempre existirán aquellos que pasan y que jamás terminará, ni me quedaré si saber cómo acaba.
Como decirte, que no hay un lugar ideal, en el camino, al lado de él, o fuera de ambos. Cada uno de nosotros tenemos que decidir qué hacer, mirarlo, caminarlo, esperarlo, escucharlo.

Me gusta estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa
Me gusta abrir los ojos y estar vivo
Tener que vérmelas con la resaca entonces navegar se hace preciso en barcos que se estrellen en la nada
Vivir atormentado de sentido, creo que esta, sí, esta es la parte más pesada


Gracias Fito… También me gusta estar al lado del camino.

viernes, 19 de junio de 2009

Una historia sin fin

Sábado en la noche... Ambiente propicio para la rumba! Quién no quiere echarse una partida de dominó con los amigos de siempre... Cerveza, comida, un roncito, más dominó... ¡Sale la cochina!!! Agustín es un hombre serio, bien plantado, con una capacidad de trabajo asombrosa. Sus amigos lo respetan porque nunca dice algo fuera de lugar, sin embargo, cuando Agustín se faja en una partida de dominó con sus carnales, no hay quien lo pare, y esa noche de sábado, además cumpleaños uno de sus mejores amigos.

La partida comenzó temprano. 5 de la tarde y ya todo estaba decretado... - Dame una fría Gilberto, que el avión pasó hace horas - comentaba animoso Agustín. Y es que entre amigos hay que darse el gusto de liberarse. Las horas pasaron sin darse cuenta, piedras venía e iban, una parrillita calmó el hambre tipo 12 de la noche, un poco de ron, al fondo Héctor Lavoe canta para siempre... Cuándo llegará el día de mi suerte... Y de alguna manera todos nos enlazamos con ese coro.

A las 2 de la mañana Agustín se percata de la hora y da por terminada esta afanosa visita que lo deja con varios triunfos y fichas ahorcadas, una indigestión en camino... y algunos mililitros de alcohol en la sangre. Agustín está tranquilo, no se siente mareado y ni siquiera se le pegan las palabras. Está lo que se diría en buen criollo, sabrosón. Consciente de que debía tomar el volante, había dejado de beber hace un rato, así que no representa un peligro el que se vaya manejando a su casa. Si viviera en Estados Unidos, o algún país europeo se la hubiese pensado, pero en Venezuela... No pasa nada!

Agustín toma el auto, y adereza el camino, con Maelo, por aquello de que ... si yo no vuelvo mi negrita se desvelará, no se acostará... La ruta se hace muy rápido, a esa hora de la madrugada no hay peregrinos en el camino, así que en muy poco tiempo, Agustín ya está cerca de su hogar. Debe cambiarse de canal, para poder tomar la salida que le corresponde, practica la maniobra que ha hecho desde hace más de 25 años, desde que su papá lo enseñó a manejar en Fairlane 500. Mira de un lado, mira para el otro, y de frente, sin que él se percate, un carro accidentado y estacionado en el medio de la vía... Choque, golpe, porrazo... Estoy bien, o por lo menos eso creo.

Agustín mira hacia adelante y se preocupa por los que están en el otro auto. Un carro pequeño, mucho menos resistente que el suyo. Baja con angustia y miedo, no quisiera encontrarse con una escena de esas que no pueden olvidarse jamás. Cuando va caminando hacia el otro carro se le acercan dos personas que han salido de la nada... -Maestro, ¿se encuentra bien?- - Eso creo amigo, pero me preocupan los del otro carro-

- No se preocupe maestro, ya los vamos a revisar, pero antes, haga el favor y nos entrega todo lo que tiene, y eso si, se queda calladito, porque usted ve esto que tengo en la mano... Yo la llamo la poderosa, no vaya usted a quererse enfrentar a ella-, el individuo que lo dice le muestra a Agustín un arma, muy oscura y grande. Agustín no podría decir si es revolver o pistola, si es verdadera o falsa, sólo sabe que no puede contra eso.

- Tranquilo pana ya te doy todo, pero considera que acabo de chocar- señala Agustín con un toque de ingenuidad, -Si considerado es que estoy siendo, porque desde hace rato que te hubiese quebrao si no es porque chocaste-. Agustín con resignación entrega su billetera, y le dice que no tiene más nada, que ni siquiera tiene el celular.

-Ahora vamos a revisar a los otros, para ver cómo están, y qué nos van a dar- El malandro le hace señas a Agustín para que se acerquen al otro carro. Dos muchachos un tanto perturbados están aun adentro, no le ha pasado nada con el choque, pero pronto se dan cuenta que no toda la suerte estaba con ellos. La escena se repite... Dame lo que tienes, casi no tengo nada, no te pongas comiquita, aquí tienes todo. Una rutina muy bien conocida por todos los que vivimos en esta ciudad tomada por la impunidad.

Los sospechosos habituales se marchan y Agustín siente un alivio, le dice a los muchachos del otro carro, que deben conseguir una grúa porque su auto no funciona. Están allí a la expectativa, cuando aparacen dos personas más, se acerca a Agustín para asegurarse que está bien -señor, ¿cómo se siente? ¿Está herido? - No amigo, estoy bien, pero me acaban de asaltar- Agustín repite su clamor de ingenuidad.

-Ay maestro, que vaina, pero no le quitaron todo, ahí tiene su reloj así que me lo puede dar -... Agustín no está seguro de lo que ha escuchado, ¿el reloj? ¿Me están asaltando de nuevo? Si Agustín, es el segundo asalto de tu noche, no todo estaba escrito a pesar de que así lo parecía. El segundo turno de pillos hace su rutina, y termina de sacarles a Agustín y los otros muchachos todo lo poco que ya les quedaba.

Por fin aparece una grúa, que se lleva a Agustín y su auto hasta un puesto de la policía de tránsito. Allí Agustín relata su historia ante unos funcionarios un tanto grises, soñolientos y con una indiferencia mortal. El jefe de los policías, le dice con frialdad que ya está bueno de historias, que hay que levantar el expediente - Amigo pero usted está tomado, así que tenemos que hacerle la prueba del alcoholímetro-, señala el funcionario tratando de poner un tono de seriedad en el asunto. Agustín que se sabe bebido, les dice con resignación que va a salir alterado, que él ha tomado pero está consciente. Sin más, o como diría mi madre, sin solución de continuidad, el funcionario lanza su sentencia - Vamos a hacer algo, dame 4 mil Bs. y lo dejamos así -. Esto no puede ser cierto, piensa Agustín, esta gente debe estar burlándose de mi.
- Cómo que 4 mil bolívares! ¿Usted se volvió loco? me acaban de asaltar dos veces, no tengo nada, y ¿usted me pide dinero??? - Con la misma cara de indiferencia que lo ha acompañado desde el momento en que Agustín entró a la oficina, el funcionario le dice - me paras ese tonito ahí, no te me alces porque pierdes. Ya te dije dame 4 mil bolívares y dejamos esto así, porque este choque te va a salir más caro que eso, y si yo pongo en el informe que estabas bebido, el seguro no te va a pagar la reparación- Un argumento demoledor, contra el que ni la más fuertes de las éticas puede. Cuando se vive al borde de la navaja, las fronteras de lo legal se nos desdibujan en muchas ocasiones, y no sólo para aquellos que han convertido en el delito en su forma de vida.

Concluyo la historia con una pregunta ¿qué habrías hecho tu?

viernes, 5 de junio de 2009

Un cuento

Es un día cualquiera en una funeraria de esas que están destinadas para aquellos que tienen poco, ubicada en cualquier ciudad del tercer mundo. Hay un grupo de personas reunido junto al féretro.
Una mujer entrada en edad se acerca y llora desconsoladamente - Ay mi hijo amado!!! Tanto que luchamos juntos, tu con tus estudios, tu deporte, ya no queda nada de eso, que voy a hacer tan sola!-.
Otra mujer le pasa un brazo por la espalda y le dice -Comadre no se ponga así, el Señor se lo llevó y ahora está mejor allá con él... Usted algún día se reunirá con Feliciano-. La madre con furia se voltea y la mira a los ojos... - Comadre, por qué matarlo, si el teléfono que tenía era barato, nunca servía. Además cualquiera tiene un teléfono mejor que ese-.

Varios de los asistentas lloran. Hay una mujer joven que no puede contenerse y sus sollozos suben de volumen inundando la sala de desperanza y desconsuelo... Ella es Eurídice, la novia de Feliciano, que junto a él estaban planificando el matrimonio que se efectuaría en el mes de agosto, sin mucho lujo, pero si estaban pensando en una fiesta, donde todo el mundo pudiese bailar y echarse sus traguitos.

La gente sigue llegando y entregándole el pésame tanto a la madre como a Eurídice, nada de lo que se les diga puede calmar el dolor de quedarse sin alguien que se ama. Hoy Feliciano no está porque "otros" quisieron algo que él tenía, y al final pensaron que su vida valía menos que el teléfono móvil más barato del mercado.

Murmullos en la sala la gente comenta, la gente habla y se lamenta, porque además de todo el dolor que significa la muerte, en esta ciudad no todos los muertos son iguales. Varios hombre en un rincón, hablan de cómo tuvieron que esconderle a la funeraria el hecho de que Feliciano murió a causa de un disparo -No vale, esto fue terrible, hubo que hacer magia, porque las funerarias no están aceptando a los muertos por balas-. Otro hombre que escucha pregunta -¿Y eso por qué?-... - Porque si el muerto era un malandro, seguro vienen a buscarlo para asegurarse que está muerto, y aprovechan para robar y cobrar otras cuentas pendientes. Ya ha pasado en muchos casos-.

Así es la dinámica en las ciudades violentas. Vivir y morir, no es igual para todo el mundo.

Se acerca la hora de rezar, las mujeres de más edad ya tienen sus Rosarios en la mano, la madre casi no puede mantenerse en pie... Comienza el primer misterio... Sin pecado concebido.

Desde la puerta de la funeraria se escucha un rumor de motocicletas, frenos y arremetidas. Cuatro hombres de contextura fuerte, eso si, nunca tan fuerte como el armamento que portan, han entrado en la sala. Amparados por el anonimato de las capuchas, demuestran todo su coraje empujando a los presentes. El líder del grupo acalla las voces y en tono destemplado, como quien va a iniciar un mitin político dice - Buenas noches a la concurrencia - dirigiéndose a las mujeres que más lloran - señoras mi sentido pésame... resulta y acontece que un compañero de labores nuestro lo mataron hace 4 horas, y somos gente pobre ... bueno como ustedes, es decir somos la misma gente-.

La madre de Feliciano sacando fuerzas de alguna esquina de su corazón o de su estómago, le dice al líder del grupo - Ay mijo, por favor, déjeme velar a mi hijo en paz-. El malandro con mucha educación y firmeza responde - Claro señora! No faltaba más, nuestra intención no es saboterale el velatorio, lo nuestro aquí es otro asunto, necesitamos el ataúd, así que nosotros nos lo llevamos y usted vela a su muerto tranquilita!!-.

La declaración del delicuente líder deja atónitos a los presentes que se quedan paralizados mientras los otros 3 individuos cargan al cadáver, lo sacan del féretro, lo depositan en el suelo, y con la misma decisión levantan el ataúd y se lo llevan fuera de la funeraria. Nadie hizo nada, nadie podía hacer nada... Que puede hacer uno frente a la dimensión de un hecho como éste.

El jefe de los asaltantes de féretros, le dio unas palmadas en el hombro a la madre de Feliciano diciéndole-Llórelo bastante señora que a la gente buena hay que llorarla, a gente como yo no lo llora nadie-. La madre sólo pudo atinar a responder - mijo, pero no me deje a Feliciano en el piso-... -Claro señora, disculpe a mis muchachos-, y silbando llamó a los otros 3, que sin ningún problema levantaron el cadáver y lo dejaron sobre la plataforma donde antes estaba el ataúd.

El líder se despidió, y todos se marcharon, dejando a su paso una tierra arrasada por el estupor.

Esto que les he contado, hubiese querido que fuese obra de una imaginación inaudita, porque podría significar que tengo madera de novelista, pero lamentablemente no fue así. Este relato que les he narrado, ocurrió, palabras más, palabras menos, pero fue real, y yo aun no tengo palabras para describir lo que siento al respecto... Como siempre algo de ayuda de quien guste comentar, será bien recibida.

jueves, 4 de junio de 2009

Si no yo, quién?

Si no yo, quién arregla ésto? Si no yo, quién resuelve los problemas del país? Si no yo, quién promueve el desarrollo y la participación? Si yo no, quién... Esta frase, que no necesariamente es gramaticalmente correcta, se ha convertido en un estándar en muchas partes. El personalismo, unido con el voluntarismo, dos ismos muy peligrosos no sólo en política sino en casi todas las esferas de la vida se han apoderado de nosotros, convirtiéndonos en una masa amorfa de todo poderosos dispuestos a rebatir cualquier idea, o a no implementar alguna solución que pase por coordinar o delegar en otro.

El síndrome del "si no yo quién" se riega por el mundo casi tan rápido como la gripe AH1N1, desbastando territorios y dejando tras de sí, soledad, ineficiencia, represión, autoritarismo y violencia.

Mi amigo Calvín, un genio incomprendido retrata exactamente cómo se comporta un típico espécimen que sufre del "si no yo, quién"





lunes, 1 de junio de 2009

Primer día... Esto promete

5:30 am Sonido despertador... Sueño aun en confusión... Levantarse a este diario acontecer de nuestras almas. Un día como otro, o quizás otro día, aun no lo se bien. Amaneció hace mucho a pesar de que apenas son las 5:30 de la mañana, mala hora para pensar y ponerse intenso.

No importa, el día promete y frente a la amenaza de volver al pasado, re-editando los telemaratones de los años 70, un presidente intenta someter a la fuerza no sólo la voluntad, sino además la paciencia de todos sus congéneres... Un programa de TV de 4 días! ¿Será que el Ministerio de la Verdad se instaló y yo no me dí cuenta???

Todo es muy loco, el mundo desplomándose en una crisis que más allá de financiera, a mi se me hace que es anímica, y este señor hablando... Hablar hasta más no poder, esa es la consigna... ¿Será que de esta manera es posible borralo todo, y hacerlo de nuevo? ¿Será que alguien a través de este blog me puede responder?