jueves, 4 de junio de 2009

Si no yo, quién?

Si no yo, quién arregla ésto? Si no yo, quién resuelve los problemas del país? Si no yo, quién promueve el desarrollo y la participación? Si yo no, quién... Esta frase, que no necesariamente es gramaticalmente correcta, se ha convertido en un estándar en muchas partes. El personalismo, unido con el voluntarismo, dos ismos muy peligrosos no sólo en política sino en casi todas las esferas de la vida se han apoderado de nosotros, convirtiéndonos en una masa amorfa de todo poderosos dispuestos a rebatir cualquier idea, o a no implementar alguna solución que pase por coordinar o delegar en otro.

El síndrome del "si no yo quién" se riega por el mundo casi tan rápido como la gripe AH1N1, desbastando territorios y dejando tras de sí, soledad, ineficiencia, represión, autoritarismo y violencia.

Mi amigo Calvín, un genio incomprendido retrata exactamente cómo se comporta un típico espécimen que sufre del "si no yo, quién"





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