Si no yo, quién arregla ésto? Si no yo, quién resuelve los problemas del país? Si no yo, quién promueve el desarrollo y la participación? Si yo no, quién... Esta frase, que no necesariamente es gramaticalmente correcta, se ha convertido en un estándar en muchas partes. El personalismo, unido con el
voluntarismo, dos i
smos muy peligrosos no sólo en política sino en casi todas las esferas de la vida se han apoderado de nosotros, convirtiéndonos en una masa amorfa de todo poderosos dispuestos a rebatir cualquier idea, o a no implementar alguna solución que pase por coordinar o delegar en otro.
El síndrome del "si no yo quién" se riega por el mundo casi tan rápido como la gripe AH1N1, desbastando territorios y dejando tras de sí, soledad, ineficiencia, represión, autoritarismo y violencia.
Mi amigo Calvín, un genio incomprendido retrata exactamente cómo se comporta un típico espécimen que sufre del "si no yo, quién"

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