martes, 21 de diciembre de 2010

Una navidad más..

Bueno que puedo decir, llegó la navidad y con ella el agobio de siempre… Qué hay de especial en estas fechas, por qué todo el mundo siente como un impulso redentor que lo lleva a mostrase feliz, animoso y querendón???

La verdad para mí es un fenómeno inexplicable. No tengo conciencia exacta de cuándo me empezó este hastío por la navidad, lo que sí puedo relatar muy bien es el sentimiento que comienza a apoderarse de mi hacia finales de octubre y que es síntoma inequívoco de que la época en la que todo el mundo me mira con cara de… “Y cómo es posible que no te guste la navidad”, se aproxima.

Si tuviese que dibujar el sentimiento, sería como una melcocha, pesada que me caen encima como si la lanzaran de un décimo piso y que me encorva hasta casi aplastarme. Una sustancia pastosa que hace que mi cerebro funcione lentamente, que me convierte en un ser a la defensiva, evitando cualquier contacto demasiado dulzón para evitar que me de un shock insulínico! No hay manera de librarse de ella, la melcocha lo abarca todo. En los últimos años, probablemente porque la edad no perdona y nos hacemos más “sabios”, he logrado alcanzar un estado alfa en el que las emociones son prácticamente nulas. Una atmósfera “ateflonada”, es decir, con un baño de teflón, me rodea y me proporciona una paz que me permite sobrevivir los dos días que son el pináculo de estas fechas!

No es nada fácil llegar al 24 y al 31 para una persona que realmente le tiene sin cuidado nada de lo que la sociedad de consumo nos ha enseñado al respecto… Ah! Cómo me quedó esta frase extraída del más puro resentimiento comunista!!!! Jajajajajaj Volvamos al tema. Esas 2 fechas son tremendas, ese es el día en que más gente se pone su disfraz de “Estoy feliz y reconciliado con el mundo” y sale a la calle a gritarlo. También es el día en el que, gracias a la emocionalidad muchas familias y parejas, pasan por las peores experiencias de sus vidas, sacando la ropa más sucia a la calle y generando grandes rupturas.

Creo que he visto tanto de eso en las navidades que ya no confío en ellas.

No creo que exista una fecha especial para nada, ni siquiera el día del cumpleaños. Si uno quiere hacer especial la fecha, basta con decidir que el miércoles 10 es especial para mí. Celebro, invito a mis seres queridos, regalo, hago una verdadera fiesta. Creo que en parte lo que me fastidia de la navidad es la obligatoriedad de la celebración masiva, la euforia colectiva sin respeto a aquellos que simplemente quieren estar en Paz.

Pero en fin, la navidad está aquí, y no puedo evitarla. Ya me he puesto mi traje de teflón. Me siento en mi balcón a mirar a lo lejos lo que el mundo hace.

Quiero simplemente aclarar que esta crónica no es una mera majadería, ni una postura seudo irreverente ante el mundo. Mi desprecio por la navidad es genuino, y sin embargo silencioso. Nunca he evangelizado al respecto porque considero que cada quien con lo suyo, y como dicen en España… “tengamos la fiesta en paz”.

En todo caso, para aquellos a quienes les gusta, para los que simplemente la viven por compartir, para los que la desprecian. Para los que están solos, acompañados o hastiados, mi deseo es que vivan esta época como mejor les plazca.

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